jueves, 31 de octubre de 2013
Studio Ghibli
jueves, 24 de octubre de 2013
Tres poemas.
Primero un poco de historia.
Esta nanas, las escribió Miguel estando en la cárcel, cuando se terminó la guerra civil y apresaron a los republicanos. Su esposa le escribió una carta diciéndole que no tenía para comer más que pan y cebolla y que no podía amamantar a su hijo, que entonces era un bebé. Miguel, que se deprimió mucho al saberlo, escribió las nanas de la cebolla para ella y para el niño y después se las envió junto con esta carta:
"Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme..."
Nanas de la cebolla
Miguel Hernández
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
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La caída de las hojas
Fernando Celada
Cayó como una rosa en mar revuelto…
y desde entonces a llevar no he vuelto
a su sepulcro lágrimas ni amores.
Es que el ingrato corazón olvida,
cuando está en los deleites de la vida,
que los sepulcros necesitan flores.
Murió aquella mujer con la dulzura
de un lirio deshojándose en la albura
del manto de una virgen solitaria;
su pasión fue más honda que el misterio,
vivió como una nota de salterio,
murió como una enferma pasionaria.
Espera, – me decía suplicante -
todavía el desengaño está distante…
no me dejes recuerdos ni congojas;
aún podemos amar con mucho fuego;
no te apartes de mí, yo te lo ruego;
espera la caída de las hojas…
Espera la llegada de las brumas,
cuando caigan las hojas y las plumas
en los arroyos de aguas entumidas,
cuando no haya en el bosque enredaderas
y noviembre deshoje las postreras
rosas fragantes al amor nacidas.
Hoy no te vayas, alejarte fuera
no acabar de vivir la primavera
de nuestro amor, que se consume y arde;
todavía no hay caléndulas marchitas
y para que me llores necesitas
esperar la llegada de la tarde.
entonces, desplomando tu cabeza
en mi pecho, que es nido de tristeza,
me dirás lo que en sueños me decías,
pondrás tus labios en mi rostro enjuto
y anudarás con un listón de luto
mis manos cadavéricas y frías.
¡No te vayas, por Dios…! Hay muchos nidos
y rompen los claveles encendidos
con un beso sus vírgenes corolas;
todavía tiene el alma arrobamientos
y se pueden juntar dos pensamientos
como se pueden confundir dos olas.
Deja que nuestras almas soñadoras,
con el recuerdo de perdidas horas,
cierren y entibien sus alitas pálidas,
y que se rompa nuestro amor en besos,
cual se rompe en los árboles espesos,
en abril, un torrente de crisálidas.
¿No ves como el amor late y anida
en todas las arterias de la vida
que se me escapa ya?… Te quiero tanto,
que esta pasión que mi tristeza cubre,
me llevará como una flor de octubre
a dormir para siempre al camposanto.
¡Me da pena morir siendo tan joven,
porque me causa celo que me roben
este cariño que la muerte trunca!
Y me presagia el corazón enfermo
que si en la noche del sepulcro duermo,
no he de volver a contemplarte nunca.
¡Nunca!… ¡Jamás!… En mi postrer regazo
no escucharé ya el eco de tu paso,
ni el eco de tu voz… ¡Secreto eterno!
Si dura mi pasión tras de la muerte
y ya no puedo cariñosa verte ,
me voy a condenar en un infierno.
¡Ay, tanto amor para tan breve instante!
¿Por qué la vida, cuanto más amante
es más fugaz? ¿Por qué nos brinda flores,
flores que se marchitan sin tardanza,
al reflejo del sol de la esperanza
que nunca deja de verter fulgores?
¡No te alejes de mí, que estoy enferma!
Erpérame un instante… cuando duerma,
cuando ya no contemples mis congojas…
¡perdona si con lágrimas te aflijo!…
-Y cerrando sus párpados, me dijo:
¡espera la caída de las hojas!
¡Ha mucho tiempo el corazón cobarde
la olvidó para siempre! Ya no arde
aquel amor de los lejanos días…
Pero ¡ay! a veces al soñarla, siento
que estremecen mi ser calenturiento
sus manos cadavéricas y frías…!
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El Seminarista de los ojos negros
Miguel Ramos Carrera
Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...
martes, 22 de octubre de 2013
Epitafios
Hay personas que se van de este mundo dejando la singular marca de su sentido del humor a través de originales epitafios.
El epitafio es un texto que recuerda al muerto. Muchos destacan por su irreverente manera de despedirse de la vida a través de frases memorables y otros porque están escritos con tal refinamiento literario que los convierte en un verdadero subgénero digno de decenas de estudios y análisis.
Hay personas que se van de este mundo dejando la singular marca de su sentido del humor a través de originales epitafios en los que aparecen desde reproches procedentes desde el más allá a los parientes cercanos hasta pedidos de disculpas por las acciones que no pudieron realizar; algunos difuntos, más rebeldes, manifiestan que se fueron descontentos al otro barrio y no dudan en gritarlo a voces desde sus tumbas, y otros, redactados por los deudos, que confiesan con descaro el alivio que sienten algunos parientes cuando un “ser querido” pasa a mejor vida
Genio y figura hasta la sepultura
“Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien”. Epitafio de Molière.
“Lo hizo a la manera difícil”. Epitafio de Bette Davis.
“Feo, fuerte y formal”. Epitafio de John Wayne.
“Llame fuerte, como para despertar a un muerto”. Epitafio de Jean Eustache (escrito en la puerta de la habitación del hotel en la que se pegó un tiro).
“Perdonen que no me levante”. Epitafio de Groucho Marx (lo pensó pero no fue colocado).
“RIP, RIP, ¡HURRA!”. Epitafio que Groucho Marx pensó para su suegra.
“Say no more”. Epitafio de Eric Idle (miembro de los Monty Python).
“Que baje el telón, la farsa terminó”. Epitafio de Rabelais.
“The End”. Epitafio de Buster Keaton.
“Si queréis los mayores elogios, moríos”. Epitafio de Enrique Jardiel Poncela.
“Ya decía yo que ese médico no valía mucho”. Epitafio de Miguel Mihura.
“Lo he intentado”. Epitafio de Willy Brandt.
“Murió vivo”. Epitafio de Antonio Gala.
“Eso es todo amigos”. Epitafio de Mel Blanc, actor que le daba voz al personaje de Porky, al famoso dibujo animado.
“Volveré y seré millones”. Epitafio de Tupak Katari, líder que fue descuartizado.
“Pierda peso. Pregúnteme cómo”. Epitafio de Miguel Collantes.
“Si no viví más, fue por que no me dio tiempo”. Epitafio del Marqués de Sade.
“Esto es lo que le pasa a los chicos malos”. Epitafio de Alfred Hitchcock (lo pensó pero no fue colocado).
“Desapareció en combate, apareció aquí”. Epitafio del coronel Francis Chartres.
“Nos acordaremos de este planeta”. Epitafio de Leonardo Sciascia.
“Yace aquí, en alguna parte”. Epitafio de Werner Heisenberg.
“Parece que se ha ido, pero no se ha ido”. Epitafio de Cantinflas.
“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo”. Epitafio de Miguel de Unamuno.
“Aquí sigue descansando el que nunca trabajó”. Epitafio de P. Melich.
“Aquí descansa un cierto pintor, quien, en las obras que hizo, jamás pudo dejar satisfecho a sí mismo”. Epitafio de Giotto.
“Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga”. Epitafio de Johann Sebastian Bach.
“No es que yo fuera superior, es que los demás eran inferiores”. Epitafio de Orson Welles.
“Soy escritor, pero nadie es perfecto”. Epitafio de Billy Wilder.
“Estuve borracho muchos años, después me morí”. Epitafio de Francis Scott Fitzgerald.
“Al morir échenme a los lobos. Ya estoy acostumbrado”. Epitafio de Diógenes.
“Estoy listo para encontrarme con mi creador. Si mi creador está listo para encontrarse conmigo es otra cosa”. Epitafio de Winston Churchill.
“Perdonen por mi polvo”. Epitafio de Dorothy Parker.
“Espero que Cristo cumpla su palabra”. Epitafio de Miguel Delibes.
“He representado bien mi papel. Despedidme pues de la escena, amigos, con vuestros aplausos”. Epitafio de Cayo Julio César Octaviano Augusto.
“Ningún amigo me ha hecho favores, ningún enemigo me ha inferido ofensa que yo no haya devuelto con creces”. Epitafio de Lucio Cornelio Sila.
“¡Qué artista muere conmigo!”. Epitafio de Nerón.
“Aquí yace uno que fue devotamente fiel del arte y del honor. No fue gran cosa en vida y ahora no es absolutamente nada”. Epitafio de Castelli.
“Aquí, Leopoldo Fregoli llevó a cabo su última transformación”. Epitafio del célebre transformista Leopoldo Fregoli.
“Aquí yace el pensador mexicano que hizo lo que pudo por su patria”. Epitafio de José Joaquín Fernández de Lizardi.
“Asesinado por un cobarde y traidor cuyo nombre no merece figurar aquí”. Epitafio de Jesse James.
“En realidad, no estoy aquí”. Epitafio de Jaime Cerón.
“Por lo demás, los que mueren son siempre los demás”. Epitafio de Marcel Duchamp.
“Amigos míos, pensad que duermo”. Epitafio de Geoffrey Madan.
“Os dije que estaba enfermo”.Epitafio de Spike Milligan.
“Quien resiste gana”. Epitafio de Camilo José Cela.
“Si alguien va a mi funeral con una cara larga, nunca le hablaré de nuevo”. Epitafio de Stan Laurel.
“No sé qué hago aquí”. Epitafio de Fernando Lleras de la Fuente.
“Dejen el mundo mejor de como lo encontraron”. Epitafio de Lord Robert Baden-Powell.
Calaveras y diablitos
“Cuando naciste reían todos y sólo tú gemías, procura que al morir sean todos los que lloren y sólo tú el que rías”. Epitafio de una tumba en el cementerio de la Almudena de Madrid.
“Aquí descansa Pancrazio Juvenales (1969 - 1993). Buen esposo, buen padre, mal electricista casero”.
“Gustava Gumersinda Gutiérrez Guzmán (1934 – 1989). Recuerdo de todos tus hijos (menos Ricardo que no dio nada)”.
“Aquí descansa mi querida esposa Brujilda Jalamonte (1973 – 1997). Señor recíbela con la misma alegría con que yo te la mando”.
“Aquí yace mi mujer, fría como siempre”.
“Hoy se me acabó el mañana”.
“Para no decir como siempre "Aquí yace", está de pie y duerme en paz” (según la historia, este difunto pidió que su ataúd se enterrara horizontal).
“Perdí una apuesta con la muerte y yo siempre pago”.
“Aquí yace un estudiante de pluma, letra y labio, que vivió para ser sabio y al final murió ignorante”. Epitafio en una tumba del cementerio de Granada, España.
“Aquí yace uno en contra de su voluntad”.
“Familia de Francisco Pujol y Mercé. Aquí descansa el cadáver de su madre María Pujol y Mercé, viuda, natural de Olot; falleció el 3 de abril de 1830, de edad 82 años, 7 meses y 19 días. Habiendo dejado de su único matrimonio: VIVOS: 5 hijos; 42 nietos y 46 biznietos. Total: 93. MUERTOS: 8 hijos; 32 nietos; 43 biznietos. Total: 83. TOTAL: 176”.
“Aquí yace Ezekial Aikle, muerto a la edad de 102 años. Los buenos mueren jóvenes”. Epitafio en una tumba del cementerio de East Dalhousie, Nueva Escocia.
“Estoy muerto. Enseguida vuelvo”. Epitafio en el cementerio de León, España.
“Mami, llegaremos muy tarde. Espéranos despierta”. Epitafio escrito por los hijos a su madre fallecida en el cementerio de Alcobendas, Madrid.
“Mi esposo me olvidó al mes de fallecida”. Epitafio de franca queja al viudo en el cementerio de Osuna, Sevilla.
“Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbécil”.
“Estos días se me están haciendo eternos”.
“No llores hombre... que no tardas en alcanzarme”.
“Game over”.
“Al fin polvo”. Epitafio en la tumba de una solterona.
“Ya sabía yo que esto acabaría así”.
“Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también”. Epitafio que puso un yerno en la tumba de su suegra.
“Aunque cambiado, resurgiré”.
“Necesité toda una vida para llegar hasta aquí”.
“A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo agradecimiento”. Epitafio en una tumba del cementerio de Guadalajara.
“Aquí se acaba el gozo de los injustos”.
“El alma del creyente fallecido permanecerá encadenada hasta que sus deudas económicas sean saldadas”. Epitafio del profeta Muhammad según el Imán Ahmad.
“En realidad preferiría estar en Filadelfia”.
“Vivió mientras estuvo vivo”. Epitafio de una tumba del Cementerio de Ágreda, Soria.
“Aquí yace el más odiado, que fue enterrado en un cajón esférico para poder llevarlo a patadas al cementerio”.
“Perdone que no asista a su entierro”. Epitafio de José, un señor que tenía por costumbre no perderse los sepelios de sus conocidos, en el cementerio de Águilas, Murcia.
“Que conste que yo no quería”.
“Aquí yaces y haces bien, tú descansas, yo también”. Epitafio en el cementerio general de Valencia.
“Esta postura me está matando”.
“Al fin lo sacaron de la banca”. Epitafio en la tumba de un futbolista.
“Por fin me quedé en los huesos”. (El difunto pesaba 140 kilos e hizo infinitas curas de adelgazamiento).
“Aquí yace boca arriba uno que cayó de bruces muchas veces en la vida”.
“Sin comentarios”.
“Por fin dejé de fumar”.
“Dejadme en paz”.
“Por favor, no molestar”.
“No grite, estoy muerto no sordo”.
“Aquí yace mi marido, al fin rígido”.
“Aquí yaces y haces bien. Tú descansas y yo también”.
“A ver, ¿qué tenía Lázaro que yo no tenga?”.
“Dios, nunca creí en ti ¡pero te juro que me arrepiento!”.
“Lo siento, también usted morirá”
Fuentes: Y en polvo te convertirás, de Nieves Concostrina; Después del entierro, de Omar R. López Mato; El último deseo, de Jesús M. de Miguel; Epitafios. El derecho a la muerte escrita, de Luis Gusmán. Patricia Rodón.
miércoles, 16 de octubre de 2013
El hombre más rico de babilonia
Hace ya tiempo que leí éste libro, de los primeros que realmente llamarón mi atención y que pese a ser bastante sencillo me ayudó para sentar la bases de lo que vendría después, los que conocen algo de mi sabrán que yo no tuve oportunidad de estudiar más que la educación basica, por eso es que me sirvió bastante en aquel tiempo.
Pero éste no es un post sobre mi, sino sobre el libro.
Para: An. Que le apasionan estos temas tanto como a mi, y al parecer no lo había leído.
lunes, 7 de octubre de 2013
De científicos y anécdotas
En el siglo III a.C., el rey Hierón II gobernaba Siracusa. Siendo un rey ostentoso, pidió a un orfebre que le crease una hermosa corona de oro, para lo que le dio un lingote de oro puro. Una vez el orfebre hubo terminado, le entregó al rey su deseada corona. Entonces las dudas comenzaron a asaltarle. La corona pesaba lo mismo que un lingote de oro, pero ¿y si el orfebre había sustituido parte del oro de la corona por plata para engañarle?
Ante la duda, el rey Hierón hizo llamar a Arquímedes, que vivía en aquel entonces en Siracusa. Arquímedes era uno de los más famosos sabios y matemáticos de la época, así que Herón creyó que sería la persona adecuada para abordar su problema.
I. ArquímedesArquímedes desde el primer momento supo que tenía que calcular la densidad de la corona para averiguar así si se trataba de oro puro, o además contenía algo de plata. La corona pesaba lo mismo que un lingote de oro, así sólo le quedaba conocer el volumen, lo más complicado. El rey Hierón II estaba contento con la corona, y no quería fundirla si no había evidencia de que el orfebre le había engañado, por lo que Arquímedes no podía moldearlo de forma que facilitara el cálculo de su volumen.
Un día, mientras tomaba un baño en una tina, Arquímedes se percató de que el agua subía cuando él se sumergía. En seguida comenzó a asociar conceptos: él al sumergirse estaba desplazando una cantidad de agua que equivaldría a su volumen. Consecuentemente, si sumergía la corona del rey en agua, y medía la cantidad de agua desplazado, podría conocer su volumen.
Eureka!Sin ni siquiera pensar en vestirse, Arquímedes salió corriendo desnudo por las calles emocionado por su descubrimiento, y sin parar de gritar ¡Eureka! ¡Eureka!, lo que traducido al español significa “¡Lo he encontrado!”. Sabiendo el volumen y el peso, Arquímedes podría determinar la densidad del material que componía la corona. Si esta densidad era menor que la del oro, se habrían añadido materiales de peor calidad (menos densos que el oro), por lo que el orfebre habría intentado engañar al rey.
Así tomó una pieza de plata del mismo peso que la corona, y otra de oro del mismo peso que la corona. Llenó una vasija de agua hasta el tope, introdujo la pieza de plata y midió la cantidad de agua derramada. Después hizo lo mismo con la pieza de oro. De este modo, determinó qué volumen equivalía a la plata y qué volumen equivalía el oro.
Repitió la misma operación, pero esta vez con la corona hecha por el orfebre. El volumen de agua que desplazó la corona se situó entre medias del volumen de la plata y del oro. Ajustó los cálculos y determinó de forma exacta la cantidad de plata y oro que tenía la corona, demostrando así ante el rey Hierón II que el orfebre le había intentado engañar.
III. Arquímedes en la tinajaToda esta historia no aparece en ninguno de los libros que han llegado a nuestros días de Arquímedes, sino que aparece por primera vez en “De architectura”, un libro de Vitruvio escrito dos siglos después de la muerte de Arquímedes. Esto durante años ha hecho sospechar de la veracidad de los hechos, tomándose generalmente más como una leyenda popular que como un hecho histórico.
De hecho, si asumimos que la corona pesaba un kilo, con 700 gramos de oro y 300 gramos de plata, la diferencia de volumen desplazado por la pieza de oro y la corona habría sido únicamente 13 centímetros cúbicos. Este volumen es visible, pero no fácilmente medible dadas las circunstancias. Suponiendo que lo que se medía era la elevación del nivel del agua en la tinaja con una superficie de unos 300 centímetros cuadrados (suficientemente generosa), la diferencia del nivel del agua entre la pieza de oro puro y la corona sería de menos de medio milímetro, algo difícilmente medible con los instrumentos de la época.
En cualquier caso, aunque esta no fuera la historia real, Arquímedes dejó documentos escritos en los que describía a la perfección el principio que lleva su nombre.
sábado, 28 de septiembre de 2013
La región más transparente (fragmento)
Aquí vivimos, en las calles se cruzan nuestros olores, de sudor y páchuli, de ladrillo nuevo y gas subterráneo, nuestras carnes ociosas y tensas, jamás nuestras miradas. Jamás nos hemos hincado juntos, tú y yo, a recibir la misma bestia; desgarrados juntos, creados juntos, sólo morimos para nosotros, aislados. Aquí caímos. Qué le vamos a hacer. Aguantarnos, mano. A ver si algún día mis dedos tocan los tuyos. Ven, déjate caer conmigo en la cicatriz lunar de nuestra ciudad, ciudad puñado de alcantarillas, ciudad cristal de vahos y escarcha mineral, ciudad presencia de todos nuestros olvidos, ciudad de acantilados carnívoros, ciudad dolor inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad del sol detenido, ciudad de calcinaciones largas, ciudad a fuego lento, ciudad con el agua al cuello, ciudad del letargo pícaro, ciudad de los nervios negros, ciudad de los tres ombligos, ciudad de la risa gualda, ciudad del hedor torcido, ciudad rígida entre el aire y los gusanos, ciudad vieja en las luces, vieja ciudad en su cuna de aves agoreras, ciudad nueva junto al polvo esculpido, ciudad a la vela del cielo gigante, ciudad de barnices oscuros y pedrería, ciudad bajo el lodo esplendente, ciudad de víscera y cuerdas, ciudad de la derrota violada (la que no pudimos amamantar a la luz, la derrota secreta), ciudad del tianguis sumiso, carne de tinaja, ciudad reflexión de la furia, ciudad del fracaso ansiado, ciudad en tempestad de cúpulas, ciudad abrevadero de las fauces rígidas del hermano empapado de sed y costras, ciudad tejida en la amnesia, resurrección de infancias, encarnación de pluma, ciudad perro, ciudad famélica, suntuosa villa, ciudad lepra y cólera, hundida ciudad. Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire.
Carlos Fuentes
viernes, 20 de septiembre de 2013
De Secretos y traición
martes, 17 de septiembre de 2013
¿Se puede medir la felicidad?
Hay multitud de estudios sobre la medición de la felicidad, y algunos índices que comparan la felicidad entre países. Uno de los más conocidos es el Índice del planeta feliz. El índice está diseñado para medir el desarrollo de los países con base en la expectativa de vida, la percepción subjetiva de felicidad (mediante encuestas a la gente) y la huella ecológica. En otras palabras, lo que mide es cuánto bienestar hay en el país en función de los recursos utilizados. Es curioso ver que en este ranking diez de las primeras once naciones están en Iberoamérica.
Otro índice es el que creó Adrian G. White, un psicólogo social de la Universidad de Leicester, el Índice de satisfacción con la vida. En este cálculo, el bienestar subjetivo se correlaciona más fuertemente con la salud (.7), la riqueza (.6), y el acceso a la educación básica(.6).
Finalmente, otra aproximación nos la dio el Jigme Singye Wangchuck, rey de Bután, en 1972, creando el concepto de Felicidad Nacional Bruta. La medición se realiza a través de un cuestionario de 180 preguntas que considera 9 dimensiones: 1. Bienestar psicológico, 2. Uso del tiempo, 3. Vitalidad de la comunidad, 4. Cultura, 5. Salud, 6. Educación, 7. Diversidad medioambiental, 8. Nivel de vida, y 9. Buen Gobierno. La premisa sobre la que se sostiene este modelo económico es que el verdadero desarrollo de la sociedad humana se encuentra en la complementación y refuerzo mutuo del desarrollo material y espiritual, basándose claramente en la tradición y cultura budista del país. Como vemos en el mapa anterior, esta filosofía hizo que Buthán aparezca como uno de los países más felices del mundo según estos rankings.
Esto nos lleva a cuestionarnos más temas. El objetivo de los países, empresas y organizaciones en general es hoy en día el crecimiento económico, mediante básicamente más comercio, exportación e inversión exterior. ¿Son estos parámetros suficientes para maximizar la felicidad de las personas? ¿Deberíamos incluir más parámetros? En otras palabras, ¿la prosperidad económica es por sí sola sinónimo de felicidad? ¿O simplemente la prosperidad económica evita la infelicidad, mientras que la felicidad depende de otros parámetros? Porque después de todo, y según la declaración de Independencia de Estados Unidos, de 1776, “todas las personas tenemos el derecho a la búsqueda de la felicidad”.
Fuente: Knowthing
A continuación, el listado con los diez países más felices:
1. Dinamarca
2. Noruega
3. Suiza
4. Holanda
5. Suecia
6. Canadá
7. Finlandia
8. Austria
9. Islandia
10. Australia
No casualmente, estas diez naciones se encuentran entre las que mejor calidad de vida ofrecen a su población. Son las más igualitarias y económicamente estables, y las que tienen mayores prestaciones sociales y mejor calidad democrática.
Según la ONU, tres cuartas partes de la felicidad de un país se explican por el rendimiento de seis variables: PIB per cápita, esperanza de vida, percepción de la corrupción, libertad para tomar decisiones, prevalencia de la generosidad y la presencia de vínculos sociales en los que confiar en tiempos de crisis.
Por eso no es extraño que los diez más infelices tengan bajo "puntaje" en esas seis variables. A continuación, el listado.
1. Togo
2. Benin
3. República Centroafricana
4. Burundi
5. Ruanda
6. Tanzania
7. Guinea
8. Comoras
9. Siria
10. Senegal
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Crónica de una muerte anunciada. Fragmento.
El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de interprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte.
Tampoco Santiago Nasar reconoció el presagio. Había dormido poco y mal, sin quitarse la ropa, y despertó con dolor de cabeza y con un sedimento de estribo de cobre en el paladar, y los interpretó como estragos naturales de la parranda de bodas que se había prolongado hasta después de la media noche. Más aún: las muchas personas que encontró desde que salió de su casa a las 6.05 hasta que fue destazado como un cerdo una hora después, lo recordaban un poco soñoliento pero de buen humor, y a todos les comentó de un modo casual que era un día muy hermoso. Nadie estaba seguro de si se refería al estado del tiempo. Muchos coincidían en el recuerdo de que era una mañana radiante con una brisa de mar que llegaba a través de los platanales, como era de pensar que lo fuera en un buen febrero de aquella época. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que era un tiempo fúnebre, con un cielo turbio y bajo y un denso olor de aguas dormidas, y que en el instante de la desgracia estaba cayendo una llovizna menuda como la que había visto Santiago Nasar en el bosque del sueño. Yo estaba reponiéndome de la parranda de la boda en el regazo apostólico de María Alejandrina Cervantes, y apenas si desperté con el alboroto de las campanas tocando a rebato, porque pensé que las habían soltado en honor del obispo.
Santiago Nasar se puso un pantalón y una camisa de lino blanco, ambas piezas sin almidón, iguales a las que se había puesto el día anterior para la boda. Era un atuendo de ocasión. De no haber sido por la llegada del obispo se habría puesto el vestido de caqui y las botas de montar con que se iba los lunes a El Divino Rostro, la hacienda de ganado que heredó de su padre, y que él administraba con muy buen juicio aunque sin mucha fortuna. En el monte llevaba al cinto una 357 Magnum, cuyas balas blindadas, según él decía, podían partir un caballo por la cintura. En época de perdices llevaba también sus aperos de cetrería. En el armario tenía además un rifle 30.06 Mannlicher-Schönauer, un rifle 300 Holland Magnum, un 22 Hornet con mira telescópica de dos poderes, y una Winchester de repetición. Siempre dormía como durmió su padre, con el arma escondida dentro de la funda de la almohada, pero antes de abandonar la casa aquel día le sacó los proyectiles y la puso en la gaveta de la mesa de noche. «Nunca la dejaba cargada», me dijo su madre. Yo lo sabía, y sabía además que guardaba las armas en un lugar y -escondía la munición en otro lugar muy apartado, de modo que nadie cediera ni por casualidad a la tentación de cargarlas dentro de la casa. Era una costumbre sabia impuesta por su padre desde una mañana en que una sirvienta sacudió la almohada para quitarle la funda, y la pistola se disparó al chocar contra el suelo, y la bala desbarató el armario del cuarto, atravesó la pared de la sala, pasó con un estruendo de guerra por el comedor de la casa vecina y convirtió en polvo de yeso a un santo de tamaño natural en el altar mayor de la iglesia, al otro extremo de la plaza. Santiago Nasar, que entonces era muy niño, no olvidó nunca la lección de aquel percance. La última imagen que su madre tenía de él era la de su paso fugaz por el dormitorio. La había despertado cuando trataba de encontrar a tientas una aspirina en el botiquín del baño, y ella encendió la luz y lo vio aparecer en la puerta con el vaso de agua en la mano, como había de recordarlo para siempre. Santiago Nasar le contó entonces el sueño, pero ella no les puso atención a los árboles. -Todos los sueños con pájaros son de buena salud -dijo. -Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6 de marzo de 1927. Novelista colombiano, escritor de cuentos, guionista y periodista. Es considerado uno de los autores más significativos del siglo XX. -Crónica de una muerte anunciada fue publicada en 1981, es una de las obras más conocidas y apreciadas de García Márquez.viernes, 6 de septiembre de 2013
De Dios y religión
§ Napoleón Bonaparte.- “¿Como se puede tener orden en un estado sin religión? La religión es un formidable medio para tener quieta a la gente...”.
§ Mark Twain.- “Si Cristo volviera, seria todo... menos cristiano”.
§ Henryk Ibsen.- “De chico creí en Dios, pero en cuanto logré unir dos pensamientos, se me olvido que existía. Creo que dios es una necesidad para mucha gente, lo que no demuestra que exista”.
§ Santo Tomas de Aquino.- “No es evidente que Dios exista”.
§ Abraham Lincoln.- “Mis primeras ideas sobre lo irrazonable del método cristiano de salvación y sobre el origen humano de las escrituras no han cambiado al paso de los años, ni creo que cambiaran”.
§ Carlos Marx.- “La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y por la otra la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de una criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación carente de espíritu. La religión es el opio del pueblo. La abolición de la religión en cuanto dicha ilusoria del pueblo, es necesaria para su dicha real”.
§ Engels.- “La religión no es otra cosa que el reflejo fantástico que proyectan en la cabeza de los hombres aquellas fuerzas externas que gobiernan su vida diaria, un reflejo en que las fuerzas terrenales revisten la forma de poderes sobrenaturales”.
§ H. G. Wells.- “Toda religión es un insulto a la dignidad mental del hombre, pero principalmente la religión católica, que ha elaborado dogmas contrarios a la razón humana”. “La iglesia católica es lo mas hostil que hay contra la libertad del hombre y la estimulación del bien: el mejor sistema organizado de la aberración y el prejuicio, la estupidez y la falacia. Yo creo que la religión católica es el enemigo número uno de la humanidad pensante”.
§ Miguel de Unamuno.- ¿Dios es macho o hembra?.
§ Adolfo Hitler.- “El cristianismo es una religión para esclavos y tontos”.
§ Bertrand Russell.- “Estoy persuadido de que Dios no creó al mundo, pero sí de que el mundo esta creando a Dios?”.
§ Fiodor Dostoyevsky.- “Si tuviera necesidad de vivir muy tranquilo, sin preocuparme de la desgracia ajena, creería en Dios, pues así tendría la seguridad de que él se ocuparía de resolver las desgracias humanas, Desgraciadamente la misma existencia de la desgracia humana, de la injusticia y el dolo, me dicen que no hay tal Dios”.
§ John Adams.- “Este mundo sería el mejor de todos los mundos posibles si no hubiera ninguna religión”.
§ Imanuel Kant.- “la razón pura no puede probar la existencia de Dios”.
§ Galileo.- “Contra todas las apariencias, en las que por otra parte estén todos aparentemente de acuerdo, avanzamos guiados por la razón. Y la razón nos pide pruebas que tarde o temprano, van y acaban con las apariencias. Bien lo dice el dicho popular las apariencias engañan, la razón no engaña, pero es difícil que se imponga a las apariencias”.
§ Pierre Bayle.- “Yo no puedo ser religioso ni creer en Dios. Prefiero la filosofía a la religión, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible”.
§ Jhon Milton.- “Lo que me ha puesto a pensar en lo falso de la religión cristiana, es su nula tolerancia hacia las otras religiones. Dado que los dogmas cristianos no pueden ser tomados como la verdad, cualquier otra doctrina religiosa distinta a la oficial debería tener el mismo derecho a existir y practicarse, si así lo desearan los hombres”.
§ Thomas Jefferson.- “Millones de seres humanos inocentes, hombres, mujeres y niños, desde la introducción del cristianismo, han sido torturados, asesinados, quemados, puestos en prisión, y sin embargo no hemos avanzado ni una pulgada hacia el consenso general. ¿Cuál ha sido el efecto de obligar a la gente a creer? Que la mitad de l humanidad vive engañada y la otra mitad vive en la hipocresía, con tal de que el error y la mentira no desaparezcan del mundo”.
§ Sigmun Freud.-“Los sentimientos de amor y temor de dios, no tienen su origen en Dios, sino en los seres humanos. Son sentimientos de frustración dirigidos por el hombre a un ser imaginario que pretende sea su padre”.
§ Thomas Mann.- “Si pensáramos que dios está al pendiente de la Tierra y sus habitantes, que se preocupa porque se respeten sus leyes y se haga su voluntad, debemos llegar a la conclusión de que Dios has sido derrotado por los hombres, ya que en la Tierra nadie hace su voluntad, ni respeta sus leyes. Creo que el hombre se ha creado un Dios absurdo, es decir a su imagen y semejanza...”.
§ Thomas Paine.- “No creo en lo que enseña la iglesia judía, ni la iglesia de Roma, ni la turca, ni la iglesia de los protestantes, ni ninguna iglesia de las conocidas. Mi mente es mi única iglesia. Todas las religiones no son otra cosa que invenciones humanas para aterrorizar y mantener esclava a la humanidad y monopolizar el poder y el dinero”.
§ Lenin.- “Dios es, histórica y cotidianamente, sobre todo, un complejo de ideas generadas por la bestialización del hombre y por la naturaleza que lo rodea, así como por el yugo de clase; ideas que sirven para afianzar la opresión y adormecer la lucha de clases. La impotencia de las clases explotadas en su lucha contra los explotadores, engendra la fe en una vida mejor mas allá de la muerte, tan inevitable como la impotencia en su lucha del salvaje contra la naturaleza engendra la fe en los dioses, los demonios, los milagros, etc. A aquel que trabaja y padece miseria toda su vida, la religión le enseña a ser humilde y resignado en la vida terrenal y a reconfortarse en el esperanza del premio celestial”.
§ David Hume.- “Considerando imposible demostrar la existencia de Dios y de las vivencias religiosas, me inclino porque se utilice sin embargo la predicación de la moral religiosa en el pueblo, pese a que siglos de predicación no hayan dado mucho resultado positivo”.
§ Montaigne.- “Si los milagros existen, es solo porque nos conocemos bastante la naturaleza y no porque sean auténticos o verídicos...”.
§ Maximo Gorki.- “La búsqueda de dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe. A los dioses no se les busca: se les crea...”.
§ Tomas A. Edison.- “La religión como se concibe en nuestros días, es una maldita farsa. Mi mente es incapaz de concebir una cosa tan absurda como la existencia del alma. No lo puedo creer simplemente...”.
§ San Ignacio de Loyola.- “Debemos estar siempre dispuestos a creer que lo blanco es negro, si así lo manda la jerarquía de la Santa Madre Iglesia...”.
§ Clarence Darrow.- “Creo que la religión es la creencia en Dios y la otra vida. Yo no creo en Dios igual que no creo en la Mother Goose...”.
§ Charles Chaplin.- “Por simple sentido común no creo en dios, en ninguno”.
§ Balzac.- “Podría existir un Dios, justo, noble, bondadoso e interesado en la humanidad, si así decidiéramos crearlo los hombres. Pero no nos serviría de nada: seria un dios idealizado, no humanizado”.
§ Bertolt Brech.- “Todos los individuos, en toda situación, bajo todos los cielos y con todas las filosofías, se esfuerzan obstinada e insistentemente en engañarse a sí mismos. Según su inteligencia, sus intentos eran mas bien débiles o más torpes; algunos no lo lograban consigo mismos, pero si con los demás; en tanto que a otros les ocurría inversamente. Pero siempre parecían los impulsos demasiado débiles para triunfar sin santificación. Cuando la masa hormigueante de los seres en el astro volante se hubo conocido y experimentado, su incomprensible abandono había inventado sudando a Dios, a quien nadie veía, de modo que ninguno pudiera decir que no lo había o que no lo había visto...”.
§ Heine.- “Dejemos el paraíso a los ángeles y a los tontos”.
§ Albert Einsten.- “No puedo imaginarme a un dios que premia y castiga a los objetos de su creación, cuyos propósitos han sido modelados bajo el suyo propio; un Dios (para acabar pronto) que no es más que el reflejo de la debilidad humana. Tampoco creo que el individuo sobreviva a la muerte de su cuerpo: esos pensamientos no son más que pensamientos de miedo o egoísmo de lo mas ridículo...”.
§ H. L. Mencken.- “Yo creo que la religión, cualquier religión, no es mas que un estorbo para la humanidad. La fe en un dios tonto, es únicamente para tontos que no saben hacer uso de la razón”.
§ Laplace.- “Yo afortunada-mente no tengo necesidad de creer en dios”.
De: El manual del perfecto ateo. (Rius)